¿Quieres espectáculo, sobriedad o arte?

LIDIA ROSELLÓ
La Semana Santa es una de las épocas en las que se deben vivir momentos de gran recogimiento interior. Es momento para la reflexión y para encontrarse con uno mismo y con Dios. En diversos puntos de España esta época se vive de diferente manera, la tradición marca los eventos de cada lugar. Lo mismo ocurre en una misma región, así pues, en la Región de Murcia existen tres procesiones muy importantes, pero cada una con un marcado carácter muy diferente a la ciudad vecina, me refiero a Lorca, Cartagena y Murcia.
En Lorca, la Semana Santa se vive desde fervor y la pasión de sus habitantes, es una puesta en escena de distintos capítulos de la Biblia. Los caballos irrumpen con gran fuerza la Avenida de Lorca, levantado al público de sus asientos para que griten y muevan el pañuelo que los identifican como pertenecientes al paso blanco o al paso azul. Sin embargo, la llegada de las vírgenes apacigua esas almas exaltadas para dar paso a los más remotos sentimientos de paz y devoción.
La Semana Santa de Murcia es muy bonita, compuesta con los mejores tronos que pudo elaborar Salzillo con sus magníficas manos, son momentos de pasión y fervor donde los murcianos y los turistas que acompañan a los tronos se deshacen en alagos y sentimientos encontrados, por una lado, la admiración por tanta belleza expuesta en las mejores calles de Murcia y por otro, el sentimiento que recorre al procesionista y que salpica a todo aquel que pasa por su lado.
Y en tercer lugar, destaca la Semana Santa de Cartagena, con su gran sobriedad y su paso firme y estructurado, propio de los militares que años atrás inundaban estas tierras. Las procesiones de Cartagena engloban al turista o visitante en un ambiente lleno de recogimiento y de admiración ante tanta metodología, tanto orden, señorío y rigurosidad ante el paso.
Una de las procesiones más emotivas de esta ciudad es la del Silencio, que tiene lugar el jueves Santo, al paso de la Vírgen por la Iglesia de la Caridad, el silencio que inunda las calles es roto por algún alma que necesita cantar una saeta a su Vírgen, en ese momento el espectador de tan emotivo paisaje no puede más que turbarse y sentir como un escalofrío invade su cuerpo.
O la procesión del Encuentro, hecha para los más trasnochadores. El encuentro de los tres Santos te transporta a una época pasada en la que lo único que importa es amar al prójimo con independencia de lugar, sexo o condición social: Todos somos hermanos. No importa si eres californio o marrajo.
Por cierto, si vas a Cartagena no debes dejar de beber un “reparo” en la Uva Jumillana, te hará entrar en calor.

Semana Santa de Cartagena

Así que te recomiendo, que si tienes oportunidad, vivas la Semana Santa que tu prefieras: pasión, belleza o señorío, pero eso sí: Participa de la Semana Santa.
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