“Guapo, listo y bueno”


Desde semanas atrás mi hijo me ha estado diciendo: “mamá, yo no soy tonto”. Yo le respondía: “no, mi amor, tú no eres tonto”. La primera vez no le di mucha importancia, pero después de repetírmelo varias veces me hizo pensar de dónde provenía esa frase ¿Quién se la había dejado tan grabada en su cabecita?  En casa no les decimos esas palabras a nuestros hijos, ni aunque estemos enfadados. Entonces caí en que, quizá, en el colegio alguien se lo estaba repitiendo. Lamentablemente no estaba cien por cien segura, porque mi hijo no habla mucho, no cuenta detalles del día a día en la escuela como otros niños y es más difícil sacarle la fuente de esas palabras.

A raíz de este incidente decidí tomar cartas en el asunto. Le dije a Andrés que, dijeran lo que dijeran los demás, él era “guapo, listo y bueno”. Y punto en boca ( como dicen en España).

Desde entonces le repito todos los días lo mismo: “Guapo, listo y bueno”.  Los expertos dicen que las palabras que reciben de pequeños nuestros hij@s les ayudan a formar su propia identidad y tienen una gran incidencia en su educación.

Si, por ejemplo, les decimos “tu puedes hacerlo”, generará en ellos la confianza y creerán que son capaces de realizar lo que ellos se propongan. Además, los psicólogos afirman que es importante que les digamos, por los menos una vez al día, lo mucho que los amamos. Frases como: “Estoy muy orgullos@ de tí”, “cuando necesites algo, estaré a tu lado” ayudan a que el pequeño sienta satisfacción, alegría y amor.

Y si por el contrario les decimos frases descalificativas, comparativas o negativas como: “Tú no sabes”, “no puedes hacerlo”, “tu hermano es mejor que tú” o, “siempre te equivocas”, harán que se conviertan en adultos más inseguros, con baja autoestima y desmotivados.

¡Ay! ¡Las palabras! Las palabras, son tan malas, cuando no se dicen con el corazón. De la nada se disparan…”, decía una vieja canción.

Incluso los proverbios hablan de este tema

 Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.” (Proverbios 12:18)

Nos toca como padres empezar a fortalecer la autoestima de nuestros peques.

“Mami yo tengo pene y tú tienes vagina”


 
Así clarito lo dice mi hijo. De un tiempo a esta parte lo repite y repite cual disco rayado. Se acuerda de toda su parentela: “mamá yo tengo pene, papá tiene pene, el  abuelo tiene pene, el hermano tiene pene, pero tu mami…..tú tienes vagiiiiiiinaaaaaa”. Así, como todos los niños, sin tapujos, sin vergüenzas, a voz en cuello, en la casa, en la calle, en el parque, para que todos lo sepan, por si no se habían dado cuenta aún. Y claro, aunque me hace gracia, la vergüenza nadie me la quita.
¿Les ha pasado con sus hijos? A mi mucho últimamente. Es que según dicen los psicólogos a partir de los tres años los niñ@s son capaces de distinguir, a su manera, si algo es de un sexo o de otro: a ellos mismos, a las personas que le rodean, las actividades, juguetes.Además, a esta edad empiezan a desarrollar una memoria selectiva acordándose sólo de las cosas que consideran de su género, porque éstas les importan más.
 
Obviamente en el colegio les enseñan a diferenciarse entre niños y niñas y en casa nos toca a los padres hablar de estos temas con naturalidad y creo que desde pequeños es mejor llamar a las cosas o partes del cuerpo por su respectivo nombre. A ver con qué cosa nueva viene mi hijo. Seguro no falta mucho para la pregunta del millón: ¿De dónde vienen los niños? Ya les contaré.