Nadie dijo que fuera fácil

 

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Nadie dijo que fuera fácil, ni que todo fuera lindo, ni que fuese como lo pintan en las revistas. Ser madre es lo más hermoso que le puede pasar a una mujer, pero también puede ser estresante y cansado, sobre todo si lo eres por segunda vez.

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Qué pasa cuando llegas a tu casa después de una cesárea, con el dolor de la operación y la incomodidad de la grapas, y tu pequeño bebé tiene hambre y aún no tienes la suficiente leche para saciar su hambre y se pone a llorar como un descosido mientras su hermano mayor aprovecha el mínimo descuido para darle un manotazo o un pellizco. Aunque quieras mantener la calma, la desesperación se apodera de todo tu ser. No tienes ni fuerzas ni ganas para calmarlos a todos. Lo único que haces es llorar de impotencia día tras día hasta que la situación va mejorando.  Y cuando crees que en algo mejora y ya la leche va saliendo, te das cuenta que tu bebé sufre con gases y con pequeños cólicos que hacen que no coma bien y llore y se desespere… Vuelves a estresarte y llorar con él.
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Pues así fueron mis dos primeras semanas como bimadre: estresada, cansada, agotada, dudaba de poder hacer bien mi papel de mamá, incluso tenía momentos en los que me preguntaba por qué me había metido en este berenjenal, con un hijo estaba bien, podía viajar, moverme, irme a comprar, etc. Mis primeros días de bimaternidad fueron largos y a pesar de tener el apoyo de mi esposo y la ayuda de mis  padres, me sentía fatal. Lo más próximo a un relajante para mi era una ducha fría, esos minutos bajo el agua se llevaban mi estrés y mis lágrimas.
Ya estamos por cumplir el segundo mes de estrenada bimaternidad y ya no lloro, me sigo estresando por momentos, sobre todo cuando mi hijo mayor se pone celoso y quiere pegar a su hermanito o cuando el pequeño coge la teta y luego la suelta, la coge y luego la suelta porque sufre de pequeños dolores supongo, y según su pediatra, por los gases. Pero ahí vamos, para adelante, esperando que todo fluya y mejoren las cosas. Por lo menos ahora que el mayor ha entrado al colegio, tengo un respiro.

Sentimientos encontrados

Desde el embarazo empecé a tener sentimientos encontrados: de alegría, miedo, inseguridad.  Estaba feliz porque mi bebé estaba sano y aunque el embarazo se me hizo pesado sabía que todo tendría un final feliz. Sentí miedo al no saber cómo afrontaría la bimaternidad, si podía ser capaz de llevar la casa, un niño de casi tres años y un bebé. Pero el sentimiento más fuerte que tuve fue el de sentir que traicionaba a mi hijo mayor por su hermanito, que le quitaba su puesto, que ya no sería mi engreído, que no iba a cuidarlo como siempre. Es más, no sabía cómo era eso de dar amor a dos pequeños que me iban a necesitar a la vez. Me preguntaba si sentiría el mismo amor por ambos. Llegué a preguntarles a mis amigas (bimadres) sobre este tema, ellas me dijeron que eso se aprendía en el camino, que hay amor para cada hijo, pero que la relación que uno forjaba con el primero era más fuerte y más especial que con el segundo, no mejor ni peor, sino especial por haberle dedicado tiempo exclusivo.
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Con este cúmulo de pensamientos y sentimientos, quise por todos los medios que en este segundo embarazo  mi parto fuese natural porque no quería dejar a mi hijo mayor “solo” (sin mi) por mucho tiempo. Mis esfuerzos no sirvieron de nada, las caminatas, los ejercicios con la pelota de pilates, la homeopatía, no me sirvieron de nada. Al final me hicieron cesárea porque no dilaté casi nada. Tuve que quedarme cuatro días hospitalizada y eso me dolió más que las grapas que me pusieron. Se me partía el corazón ver a mi hijo llorar cuando se despedía porque quería quedarse conmigo en el hospital. Él no entendía por qué no podía quedarse conmigo y por qué había otro bebé en mis brazos que sí podía estar a mi lado. Él lloraba y yo también. Esos días en el hospital fueron horribles e interminables. Tanto fue mi afán por querer irme a casa con mi hijo mayor que a la pregunta del médico de si quería el alta un día antes de lo normal, dije que sí. Poco a poco estoy aprendiendo a repartir mi amor, mi tiempo, mis atenciones y mimos a mis dos pequeños tesoros y, sí, hay amor para los dos.
¿Alguna vez has sentido que con el segundo hijo traicionabas al mayor?, o ¿quizá no sabías, como yo, eso de dar amor a más de un hijo?. Ojalá puedas compartir tu experiencia conmigo. Besos.

Estrenando bimaternidad

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Como dice el dicho no hay primera sin segunda. Y así fue. Nos fuimos por la segunda ronda de bebés. Tuvimos a Gabriel en pleno verano español. Una vez más fue por cesárea y es que no había más que pensar, al igual que en mi primer embarazo no dilaté y el cuello del útero no se redujo en mi semana 41; por eso, la mejor opción fue la intervención quirúrgica y menos mal que tomamos ese camino porque mi hijo venía con una vuelta de cordón y pesaba 4,520 gramos. Con esto, según los médicos, era muy complicado que naciera mediante parto normal.
No quise pasar por la experiencia del primer embarazo y pasarme dos largos días en el hospital tratando de dilatar con diversos medicamentos para terminar finalmente en un quirófano. La cesárea es una operación que como todas tiene sus riesgos, sus pros y sus contras. Lo bueno: el bebé sufre menos y sale rápido; lo malo, la recuperación de la madre es más lenta, más dolorosa, y la leche demora en bajar.
Ya ha pasado mes y medio de “mi parto” y puedo decir que estoy recuperada de la operación y estrenando bimaternidad.

1 MÁS 1 NO SON 2

Estoy muy contenta porque mi querida amiga Covi ha escrito el siguiente post para todos nosotros. Nos cuenta su experiencia con la bimaternidad, o lo que en palabras más sencilla sería ser mamá de dos, en su caso de dos preciosos niños: Diego y Sergio, lo cual compagina con administrar su negocio, seguir estudiando y volver a retomar el periodismo, esa pasión que hizo que empezáramos un relación de compañeras y luego y hasta ahora de amistad. Sin más preámbulos esta es la visión de Covi.

Covadonga Hernández

Como pasa el tiempo, en unas semanas mi hijo pequeño Sergio cumple ya los 6 meses! Y a falta de unos días puedo afirmar con rotundidad que un hijo más otro hijo no suman dos hijos, no, suman muchos más!!! Y es que como leí hace unos días en un blog de madres, no sabes lo fácil que es la monomaternidad hasta que pruebas la bimaternidad.

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¿Por qué digo esto? Pues os lo explico con claros ejemplos que toda bimadre conocerá y con conocimiento de causa, no lo dudéis!

  1. Conoces el verdadero significado de la palabra paciencia.

Antes de ser madre uno sabe que existe esa palabra llamada paciencia, con un primer hijo empiezas a ponerla en práctica, con dos hijos o más te conviertes en experta. Es como una master class diaria, un mantra que te repites cada mañana al despertar y cada noche al acostarte…voy a tener paciencia, voy a tener paciencia…Y la paciencia amigas, a veces viene y otras se va. Si no te reclama uno, te reclama el otro y sino los dos a la vez para hacer tu vida más intensa e interesante.

  1. Desarrollas superpoderes

No estoy de acuerdo con las mamás superwoman y mucho menos me identifico con ellas, pero es verdad que con dos hijos tu capacidad de realizar múltiples tareas y encima conseguir no perder la sonrisa es un poder sobrenatural. Trabajo en una tienda propia y he llegado a servir productos con un niño agarrado en mi pierna, con su propia conversación y preguntas, con una mano meneando el carrito para calmar al pequeño, manteniendo una conversación con la clienta y como digo sin perder los nervios ni la sonrisa, no me digáis que eso no es propio de superpoderes!

  1. Orden qué orden

Esto es así, no se puede discutir este punto. No es lo mismo que te desordene la casa uno a que lo hagan dos. Con uno hay unos juguetes por aquí, otros por allá… Con dos o más no hay un reparto equitativo de juguetes no, hay un verdadero tsunami. Y diréis ¿pero si el pequeño sólo tiene seis meses?…Cierto, ¡pero ya apunta maneras! En mi salón tengo mantita, carrito, balancín, juguetes con sonidos, sin sonidos, blanditos, mordedores, revistas para arrugar y solo para esa personita, no quiero nombrar todo lo que tiene el mayor en ese mismo espacio porque no quiero abrumaros. Pero os digo una cosa, a mi esto me da igual. Hace mucho tiempo, tomé como norma, a excepción de que tenga visita claro, que los enredos infantiles sólo los recogería una vez al día, el resto del tiempo forman parte de la decoración de mi casa y ¡qué!

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4. El tiempo tiene nombre y apellidos y no son los tuyos

Mientras que estas personitas son tan pequeñas y tan dependientes de ti, tu tiempo, tu espacio, tu momento queda postergado. Desde que te levantas hasta que te acuestas vives por y para ellos. A veces las noches y los días se confunden y sin ser Dinio. Es difícil aparcar a la madre para volver a ser esa mujer libre e independiente y a veces eso lo consigues con sacrificios. Por ejemplo, en mi caso es quitándome horas de sueño. Si quiero estudiar, escribir, leer o ver la tele tiene que ser cuando todos están acostados y sacrificando horas de tu sueño. Pero qué puedo decir, ellos son lo más importante en mi vida y si me necesitan, palos con gusto no duelen.

  1. Su felicidad es doble felicidad para mi

Por supuesto no todo en la bimaternidad va a ser pegas y quejidos. Verlos jugar, interactuar, reír es una sonrisa más para mí. Es el doble de satisfacción, es la felicidad plena. Saber que estamos criando unas lindas personitas, que son hermanos que se quieren, que se ayudan, que se miman, que se divierten, que se protegen que se aman es el mejor recuerdo que puede atesorar una madre antes de ir a dormir. Es lo que hace que todo lo anteriormente escrito pase a una segunda y tercera posición.

Así que sí, mi balance es positivo aunque sienta que uno más uno no son dos. Eso sí, como dicen por mi tierra… ¡virgencita que me quede como estoy! J