Fin de semana ¿con hijos o sin hijos?

En este post he querido describir cómo es un fin de semana con hijos y uno sin hijos. Le he pedido a mi amiga Lidia que nos cuente su finde y describiré cómo ha sido el mío como madre. ¿Tu con cuál te identificas?

Un fin de semana sin hijos

Hace un tiempo que teníamos Cindy y yo pendiente escribir un post para comparar nuestros fines de semana, y es que el hecho de tener hijos y de no tenerlos te cambia mucho.
Me encuentro en el bando de las “sin hijos”, si es que hay dos bandos porque ante todo nos consideramos amigas y mujeres luchadoras. Pero bueno, creo que puede quedar muy gracioso, así que para que quede lo más real posible me voy a centrar en el finde pasado que tuvimos una cita juntas así que podrás ver las diferencias entre una y otra hasta llegar al mismo sitio..

El sábado a las 15:30 horas habíamos quedado para hacer rafting, llevábamos ya tiempo coordinado fechas, porque como vivo en Valencia es más difícil poder juntarnos, pero por fin lo conseguimos.

El viernes por la mañana estuve trabajando en la casa familiar de Águilas, soy freelance y trabajo desde casa así que es más fácil para mi moverme de un lado a otro, eso sí necesito Internet y un ordenador.

A las 14:30 horas José me llamó porque había preparado la comida, si estamos los dos en casa suele cocinar él porque le gusta mucho y a mí más jajaja Después de trabajar me di una pequeña siesta (15 minutos), no lo hago a excepción de los viernes que procuro no trabajar por la tarde. Después nos dimos un baño en la piscina y nos arreglamos porque habíamos quedado con mis amigas de la infancia.

Amigas en chiringuito

Amigas en chiringuito Aguilas

Sobre las 20:00 horas nos fuimos a “la Casica Verde”, es un chiringuito de playa para ver la puesta de sol. ¿Cenar? Pues ya improvisaríamos algo, al final tomamos unos montaditos.

Sobre las 22:30 horas nos trasladamos hasta otro lugar, el puerto Juan Montiel, para escuchar un concierto de Jazz. Tengo que aclarar que de los presentes ninguno teníamos hijos así que íbamos improvisando sobre la marcha. ¡Me encanta poder hacerlo! y sobre la 1 o así nos fuimos a dormir.

El sábado fue un día ajetreado para nosotros, porque fuimos a pasar la ITV a Lorca, vaya cola que nos tragamos… así que después de esperar un montón de tiempo salimos de ahí con rumbo a Blanca.

Nos hicimos una bolsa con una muda porque los bañadores los llevábamos puestos.
Como se nos hizo la hora de comer, paramos a comer en la venta el Peretón, ¿lo conoces? Tienen un embutido muy rico aunque de precio lo vimos un poco caro. Así que seguimos la marcha hasta Blanca donde nos reunimos con Cindy, Ramón, Covi y Diego.

Allí fueron risas, risas y más risas. La verdad es que pasamos una tarde muy deliciosa y da gusto reunirte con buenos amigos.

Después de Blanca volvimos a casa súper cansados, fuimos a picar algo y a dormir.

Estoy deseando leer como fue ese mismo finde para una mamá con hijos, seguro que ha sido más estresante que el mío, aunque conociendo a Cindy… ella no es una persona que se ponga muy nerviosa porque suele controlar la situación bastante bien.

Rafting Blanca

Rafting Blanca con amigos

Fin de semana con mi hijo

No hay duda que tener un hijo te cambia la vida, pero esa vida te la cambia a un mundo lleno de sonrisas, alegrías y, claro, a veces también matizado con uno que otro enfado o contratiempo, porque con los niños nunca sabes por dónde saldrán los tiros.

Mientras Lidia trabajaba en Águilas, yo hacía lo propio en casa, redactando mi noticia que debía dar por la radio. Trato de organizarme lo mejor que puedo para hacer este trabajo que me permite compaginar mi labor de madre. Mientras ‘su José’ le preparaba la comida, ‘mi Ramón’ estaba trabajando, por lo tanto la que tenía que meterse en los fogones con este calor insoportable era yo, sin la brisita del mar que Lidia tenía cerca (envidia sana). Una vez que llegó el papi a la casa nos sentamos a comer. Con el calor que está cayendo en España pocas ganas había de salir a pasear, además he aprendido- salvo cosas pendientes por hacer- que si mi hijo duerme nosotros también, aunque a veces aprovechamos ese tiempo para leer, ver alguna película, o conversar en lugar de tomar la siesta.

Por la noche salimos a dar una vuelta al parque y a pasear por el centro. Eso sí, después de que mi hijo hubo cenado. Si salimos antes de que cene, llevo su comida para dársela donde nos pille. Luego del paseo volvimos a casita que tocaba baño del nene, él a tomar su biberón, nosotros a cenar, y todos a dormir. Si Andrés duerme rápido y temprano vemos alguna peli, sino a soñar con los angelitos como diría mi mamá.

La mañana siguiente teníamos día de rafting. A pesar de que el encuentro era sobre las 3:30 pm. Nosotros nos levantamos temprano, porque había que alistarlo todo. Mientras yo hacía la comida del nene y preparaba el desayuno, papá alistaba la ropa y bolsa de pañales y nuestra mochila con lo que íbamos a necesitar. Además, tuvimos que salir rápidamente porque había que llevar a nuestro hijo hasta la casa de playa de los abuelos, allí se quedaría mientras nosotros íbamos de rafting. Llegamos, dimos de comer a Andrés, ayudamos en la cocina, comimos todos, y cogimos el coche rumbo Blanca para encontrarnos con nuestros amigos. Fue una tarde súper divertida, de relax, de muchas alegrías, mucho humor y sobre todo de desconectar de la cotidianeidad. Ramón y yo divirtiéndonos juntos en pareja junto a nuestros amigos y descansando, por lo menos unas horas, de ser papá y mamá. Y creo que Covi y Diego también, descansando de esa gran responsabilidad de criar a dos hermoso niños.

Al terminar nos quedamos un ratito para una mini sesión de fotos con José y Lidia y para tomar algo en la orilla del río. Luego volvimos raudamente a ver a nuestro chiquitín y junto a los abuelos ir al cine de verano. Sí, al cine de verano con nuestro hijo. Aunque estábamos cansados y yo tenía las secuelas del antihistamínico que había tomado en el río porque me dio una reacción alérgica en la piel no sé por qué, decidimos ir a ver ‘Ant Man’. Nos la jugamos, porque era la primera vez que Andrés iba al cine de verano ya consciente, caminando y entendiendo dónde estaba. Antes lo habíamos llevado cuando tenía menos de un año y se durmió rápidamente y  nos dejó ver la película sin problemas. Pero esta vez… esta vez no fue igual. Al inicio se portó bien, luego se aburrió y quería explorar el lugar, bajarse del carricoche y correr por todo el recinto del cine. Menos mal que estos cines, al ser abiertos, familiares, se permite esto y más. Su padre y su abuelo se iban turnando para caminar con él. Al final nadie disfrutó al cien por cien de la película. Ya sabemos que al cine de verano no volvemos con Andrés hasta que sea más grande y él quiera ver alguna peli. Así acabamos el día. Al volver a casa, caímos todos rendidos. Ni el calor pudo movernos de la cama.

Así es un fin de semana cuando hay hijos, más cansancio, más trabajo, más de todo, pero al final del día terminas con esa satisfacción de ver a tu hijo durmiendo cual angelito después de haber consumido todas sus energías y las tuyas también. Verlo dormir tan plácidamente te da una paz… que lo ves y parece que no mataría ni una mosca, hasta el día siguiente en que se levanta antes que tú y empieza una vez más la juerga para él, mientras que tu deseas seguir en los brazos de Morfeo. ¡Viva el verano! ¡Vivan los hijos!

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